miércoles, 27 de marzo de 2013

El Texto

Entonces, después de examinar concienzudamente el texto, se rascó la barbilla  y con aire inconformista me dijo

__ Es todo? Esperaba más de usted, Carugo, pero, por lo que veo, lo sobreestimé.

Indudablemente no indagó demasiado sobre el asunto...

__ Hice mi mejor esfuerzo- respondí con fastidio.



Que no le gustase lo que había  escrito podía perdonárselo  (al fin y al cabo, todo se resume a una cuestión de gustos y enfoques) pero que insinuara que no había dedicación en mi trabajo,  me ponía de muy mal humor.
Se quitó las gafas y me clavó esos ojos de aguilucha miope

__ Mire -contestó con la exacta proporción de malicia y soberbia -quiero que comprenda que si ése es su mayor esfuerzo va a tener que redoblarlo porque no alcanza. Usted no está aquí para hacer las cosas para cumplir y mucho menos para objetar mis observaciones. Debe entender que ser parte de esta cátedra  implica dar mucho más de lo normal y agudizar su ingenio (si es que realmente lo tiene) porque le guste o no, éste no es  un curso de verano.



Releyó nuevamente parte del texto y con una mueca de desagrado agregó


__ Déjeme aclararle algo que le va a ahorrar más de un dolor de cabeza y que, seguramente,  le servirá de ahora en adelante para que nos pongamos de acuerdo: No voy a tolerar la falta de respeto que significa que alguien piense que puede presentar un mamarracho como el que escribió simplemente para zafar.

Le guste o no, cada pensamiento que exprese, cada palabra, oración y párrafo que escriba deberá tener la coherencia y el sustento lógico que le de el derecho de estar plasmado en un papel.
Por si no estoy siendo demasiado clara, le diré que soy una persona que no acostumbre a hablar con eufemismos que puedan generar algún tipo de confusión. Quiero que entienda de la forma mas cruda y directa que no voy a ser tolerante cuando corrija sus escritos.


Cuánto odiaba a esa arpía que parecía saborear mi ira contenida! Cómo me molestaba ese aire petulante de sabelotodo y su desmedida arrogancia de  maestrita ciruela!


Me mordí la lengua para no mandarla a la mierda mientras fantaseaba con la mejor manera de asesinarla sin quedar implicado en el evento.


__
No se en lo que estará pensando  y, en honor a la verdad, poco me importa  -agrego  interrumpiendo la catarata  de imágenes que mi cerebro construía  en donde yo aferraba con obstinación su arrugado y flacucho cuello de gallina vieja- nada de lo que fantasee hará cambiar esta realidad. 

Usted y yo sabemos que ella se encarna en la pobreza de su trabajo, en la endeble construcción de las características y la psicología de sus personajes y  en la falta de solidez en el argumento.



Me devolvió el trabajo no sin antes agregar


__
Rehágalo y espero que su próximo escrito merezca ser leído.



Tomé el cuaderno dedicándole mi mejor mirada de odio y fui a sentarme en mi lugar.

Lo abrí  en un hoja en blanco y escribí nuevamente el titulo del ensayo "Composición tema: La Vaca"

En el primer renglón puse "La vaca es un animal todo forrado de cuero... " mientras entre dientes mascullé "maldita maestra de tercer grado."



miércoles, 6 de marzo de 2013

Big Bang


__ No es posible ir en contra de la naturaleza -me dijo mientras se ajustaba el chaleco con obsesiva prolijidad- Solo tenés que ver a tu alrededor para darte cuenta de lo que te digo.

Miré por la ventanilla; nos movíamos por la autopista a paso de hombre, envueltos en un mar caótico de vehículos que aullaban a bocinazos.
__No lo sé- respondí encogiéndome  de hombros- la libertad es el único y verdadero don que posee el hombre y eso implica responsabilidad. El ser humano tiene la obligación de crear un mundo mejor.

__ El hombre no es un ente disociado del universo, pertenece a él. Esto es una verdad indiscutible. En vez de renegar contra lo inevitable y vivir una existencia inauténtica, deberíamos entender que la ciencia nos provee el conocimiento para ver la realidad tal cual es.
Detuvo el auto (ya era imposible avanzar).

__Además, todo comenzó con el Big Bang – agregó mientras volvía a acomodarse el chaleco.
__Tal vez tengas razón –asentí  con un dejo de resignación en mis palabras.
Cerré fuerte los ojos, no necesitaba verlo  para saber que en su mirada se había instalado el brillo de la determinación.
Lo último que escuché fue el click  cuando su dedo apretó el pulsador de su chaleco bomba.


Basado en un sueño.



viernes, 22 de febrero de 2013

Alto! quién vive?

Estaba navegando en la red, buscando videos de “A Little Nightmare of Music” un sorprendente y maravilloso espectáculo  de humor y música clásica que lleva a cabo el duo  compuesto por Alexander Igudesman y Richard Hyung-ki Joo cuando me topé con una página que pregonaba que podía ver el concierto entero.Claro que para ello, tenía que pagar.

Pero todo bien, no me asusta eso. Si hay que poner la biyuya, la ponemos porque estos tipos bien lo valen. Qué puede importar unos cuantos dólares (más el 15% por pagar con tarjeta) cuando lo que se ofrece es de calidad superlativa?
Lo que me llamó la atención fue esto: (hacer click en la imagen para ampliar la foto)



Entiendo que cierto tipo de expresiones culturales de refinada factura conllevan un grado de solemnidad (aunque justamente no es el caso de este espectáculo que avanza por el sentido contrario, tratando de desalmidonar a la música clásica).
Seguramente, si fuéramos al Colón a ver a algún músico reconocido internacionalmente no lo haríamos de jeans y zapatillas  pero muchachos, podrían utilizar un término menos tajante  para pedir que ingresemos con nuestra clave.
Y sino, si les gusta esa tesitura,  agreguen entonces en la página,  “Documentos, por favor…”
Para aquellos que no conocen este increíble duo, aquí un par de videos.










jueves, 7 de febrero de 2013

Coherencia



__Válgame Dios, Carugo! Pero usted piensa con los pies? Cómo pregunta esas cosas, mi viejo?
__Pe, pero si los diarios, revistas y noticieros televisivos de su holding siempre están diciendo que esos tipos son una lacra, que le lavan la cabeza a los jóvenes con falsos discursos y que, además, apoyando a este gobierno, son parte de los desgraciados que están haciendo pomada al país?
__Jajaja, qué gracioso es, Carugo! A ver, señor sabelotodo,  qué haría usted al respecto?
__Y, no sé, tal vez actuar con coherencia. Si considero que alguien está haciendo el mal, por lo menos trataría de no ser parte del asunto.
__No se ofenda pero estoy notando que es más tonto de lo que se ve a simple vista. No conoce el dicho  “Al César lo que es del César…?"  Libertad de Mercado, Señor Carugo, eso es coherencia. La votaron más del  54%. Sabe cuántos potenciales lectores/compradores representa eso?
Mire hasta qué punto somos consecuentes con nuestra forma de pensar que pusimos los ejemplares al lado de los de Lanata y Lousteau. Si eso no es libertad de expresión, dígame qué es?
Y no me mire así, che. Yo que usted dejaría de lado  esa miradita acusadora y en vez de pensar torpemente  que al  ser una cadena de librerías que pertenece a un multimedio opositor al gobierno la postura está mal, trataría de entender por qué esos tipos y la editorial no se negaron  a que comercialicemos su libro?
__......


lunes, 4 de febrero de 2013

Y para qué?


__Y para qué? –me dijo mirándome como quien está convencido de que las segundas vueltas siempre terminan en un inexorable fracaso– Yo te conozco y se que te vas a cansar pronto, como generalmente hacés con todo.
Porque convengamos que no hace falta ser un genio para darse cuenta de que hace rato que perdiste el tren de escribir y te volviste un perezoso. Si ni siquiera tenés sueños raros como para poder postear algo decente.
__Cómo que no, che? Y el del otro día, cuando soñé que  en un salón lúgubre y mal iluminado peleaba con una navaja de afeitar contra Chucky, Freddy y el coso ese del Juego del Miedo? No te acordás que le lanzaba un navajazo certero al muñeco pero con tal mala suerte que  la navaja se clavaba en la madera sin hacerle daño alguno mientras que él, con un movimiento limpio y preciso,  me cortaba la garganta y brotaba una sangre negra y rara? Te acordás que me desperté gritando todo sudado y que Mona me puteó en arameo porque la hice saltar como tres metros para arriba?
__Pibe, eso mejor contáselo a tu psicóloga, que a lo mejor puede interesarle los oscuros laberintos de tu psique pero a la gente le importa tres belines.
__No tengo psicóloga…
__Deberías. Yo te lo digo de onda nomás,  sin ánimo de pincharte el globo pero, para ser honestos, vos y yo sabemos que hace mucho tiempo que hacés la plancha, que no agarrás una lapicera ni para hacer un crucigrama y  que perdés el tiempo escuchando en la AM a esos programas deportivos que son peor que Indiscreciones o Infama y que siempre te dejan comiéndote las uñas por la incertidumbre de no saber si de una bendita vez Independiente traerá algún refuerzo de calidad.
__Pero yo creo que…
__Lo que vos creas es irrelevante pero ma sí, hacé lo que quieras. No digas que no te avisé.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tres o cuatro


Vaya a saber si  el veneno del bicho que te picó la otra vez y que te dejó el brazo más rojo que la camiseta de Independiente  se te metió en las venas y es el causante de que te aflore ese fuego de adentro que te quema y que  te pone tan quisquilloso.
Vaya a saber si es eso o si es, simplemente, que ya no te comés ninguna por haber vivido tanto tiempo en este ispa tan cambiante y revuelto que, como a muchos, te dejó el alma en carne viva.
Pero lo cierto es que algo se incinera en tus tripas y  ese guijarro llamado realidad que al tomar entre tus manos te genera esa nausea, termina por asquearte y ponerte como loco.
Y entonces, faltás a tu juramento de no opinar sobre política y religión en tu blog y hasta pensás que si Sófocles pudiera rescribir Edipo, vos le pedirías que en el acto final, en vez de clavarse los prendedores de Yocasta en los ojos, lo hiciera en los oídos como simple alegoría del deseo de no escuchar tantas estupideces como las que te toca escuchar a diario.
Porque de pronto un “Cómo puede ser que viviendo en donde vivís, no te hayas movilizado en contra de esa yegua que nos cercena  la li-ber-tad?” sale de la boca de  alguien que con cierto tono de desaprobación intenta hacerte sentir un villano por no salir a la calle con una cacerola o el redoblante de tu batería.
Por supuesto que no se te mueve un pelo porque hasta en algún punto, esperabas que esto ocurriera pero te hincha las pelotas.
Sin ser K, tenés un arsenal de argumentos para responderle a esa mina que te mira como si fueras un insecto al que hay que aniquilar pero te quedás  en el molde, en silencio, pensando en cómo la entonación de su pregunta se recostó en el silabeo de la palabra libertad.
Sí, tenés un arsenal de argumentos para explicar el por qué te quedaste en casa mirando la movilización por la tele pero ni ahí se  lo vas a explicar porque no vale la pena. Porque a ella, como a muchos argentinos maniqueos, no les caben los grises y  lo único que les interesa es la polarización Gorila-Negro Cabeza.
Los que estamos en el medio, según ellos, somos tibios y ya se sabe que a los tibios los vomita Dios: deberíamos elegir lo uno o lo otro.
Podrías decirle que no es así, que no tenés que ser K para no ir a una marcha o no tenés que ser Gorila para pedir seguridad, educación y libertad para ahorrar en la moneda que se te cante.
Podrías también decirle que el país no es Disneylandia como te lo presenta el canal oficial y tampoco Kosovo como lo intentan pintar algunos multimedios.

También podrías decirle a esa bobalicona que con sólo ver a esa señora por la tv  hablando de procreación responsable (por no decir que los negros tienen que coger menos)  sin tener la más puta idea de  que por ahí comienza la teoría de la eugenesia, pulcra solución al problema de los pobres y las revueltas sociales que muchos estados defensores de la libertad más de una vez argumentaron, es suficiente. O ese otro señor que  pide a gritos que el Capitán América venga a salvar a la Argentina, o esa otra que muestra las botas color  guinda haciendo juego con su campera y suéter con cuello de piel, son muestra cabal de la gran estupidez de mucha gente.
Vos podés vivir donde vivís pero no te la creés, tus papás obreros te dieron una educación y te enseñaron a pensar un poquito, no mucho pero lo suficiente para darte cuenta que no es cuestión de lugares ni posiciones socioeconómicas sino de racionalidad o pelotudez mental.

A pesar de tu cara de nabo, no sos tan otario como parece. Entendés bien el juego y comprendés que nada se da en estado puro, que en este país no hay ángeles totalmente buenos ni demonios sumamente malvados.
Y si creen que sos un torpe, que no te diste cuenta de que los muchachos oficialistas que se hicieron pasar por CNN también se las traen, están equivocados. Estás  seguro de que hicieron mil entrevistas que luego filtraron, editaron (y todos los “aron” que se usan para manipular la información) para que finalmente aparecieran los testimonios de los más reaccionarios y estúpidos que encontraron en la marcha. 
Pero la verdad, aunque en trescientos mil asistentes hayan sido tres o cuatro los descerebrados, te asusta y te enerva.

Y te preguntás que entiende la gente por libertad? Te preguntás si alguien que dice tantas pelotudeces se da cuenta de que es igual a los que critica?
La otra cara de la misma moneda, mi chiquito, te decís a vos mismo.
Ya sabés que probablemente sean tres o cuatro personas idiotas y que eso no es una muestra relevante en un universo de trescientos mil pero mientras haya gente así, preferís quedarte en el sofá de tu casa. Cuando alguien criterioso  que no divida a la gente  conduzca ese tipo de  marchas, vas a ser el primero en salir pero, entre tanto, no.
Sí, probablemente sean sólo tres o cuatro, repetís para tus adentros.
O cinco.
Porque la infeliz que te estaba mirando con cara de reprobación ya no le interesan tus argumentos porque se distrajo con un descuento que le ofrecen por internet y no sabe si la cartera que tiene en mente comprar va a combinar con las botas de Sarkany que tiene en su placard.


jueves, 6 de septiembre de 2012

El traspié


Otro traspié, otro mal paso, che. No tengo paz.
Se que usted dirá, hasta cuándo Carugo, hasta cuándo va a seguir así? No se percató que  vive en un país sin sonrisas?
Lo sé, pero no puedo hacer demasiado. Soy sólo, apenas -a duras penas- un pequeño ser humano.

Y  para colmo de males, esto no parece mejorar porque  estoy acá, en mi bohardilla, entre estas cuatro paredes y una ventana con vista al pulmón de la manzana. 
Sí, acá, con este cielo plomizo que amenaza con pintar de tristeza todo el vecindario.

Y soy ese que observa, el tipo que mira por la ventana ese par de techos de teja que el tiempo volvió mohosos  y aquel bulldog  color arena que en la azotea no deja de ladrarle a los pájaros que descansan  sobre los alambres de tender la ropa.
Y soy el que tiene  la radio spika colgada desde un piolincito en la pared y escucha que le chamuyan sobre la inflación, la inseguridad y lo imposible que se pone regresar del centro si fuiste en auto, en tren, en avión  o en colectivo. 
Y más bronca me da porque  ni siquiera eso me alcanza, mire.

Me encantaría poder escuchar un tango ahora, y observar melancólico como el lánguido zigzagueo del humo de mi cigarrillo asciende contorsionándose en el aire, me gustaría aceptar con resignación que el vasito de whisky que estoy tomando  llegó a su fin y que no es hora de servirme otro, me gustaría sentir que debo prender la estufa eléctrica porque, en realidad, soy un tipo con el alma destemplada y no con frío en los pies. Pero no puedo, che, nada de eso ayuda a mitigar esta sensación.

Estoy solo, en mi reino de dos por dos, preso de mi ventana con cristales que debería limpiar y que pese al polvo, se empeña en mostrarme  lo que todo el mundo llama realidad exterior.
Y estoy mirando sin mirar, estoy viendo sin ver pero sintiendo lo que siento.
Por eso digo que es otro traspié, otro mal paso de aquellos que suelo dar de tanto en tanto, que me ofenden y ofenden a los demás colocándome en una posición incómoda de la que sólo puedo salir con una sonrisa estúpida y pidiendo perdón.
Porque todos sabemos  que  en este país no está bien visto que de vez en cuando alguien pueda sentirse feliz.