jueves 25 de agosto de 2011

Viaje en el tiempo

Este es un cuento que escribí hace un tiempo largo y que nunca me gustó.
Y por qué lo publico, entonces? dirán ustedes.
Es que hoy ocurrió lo que ocurrió y decidí concederle el espacio que no se merece pues fue escrito justamente tras circunstancias similares.
Es que sí otros hacen lo que hacen sin ningún tipo de pudor yo también tengo derecho.
O no?
Entonces, aquí va:





"Viaje en el Tiempo"

De todos los descubrimientos e invenciones que el inagotable genio del hombre ha sabido conseguir, tres son los que han cambiado radicalmente el curso de la humanidad.
El dominio del fuego, la invención de la rueda y los viajes en el tiempo.
Este último hallazgo, que llevó a la raza humana a un escalón peraltado en su historia, es obra de la creatividad, el ingenio y los conocimientos del científico Argentino Ricardo Enrique Outes Barberón.
Pero la mayor virtud de este prohombre no fue haber establecido las bases para manipular la cuarta dimensión abriendo posibilidades ilimitadas hacia el futuro sino la capacidad para reponerse a la adversidad.
La historia de vida del Doctor Outes Barberón es un ejemplo de tenacidad y perseverancia digna de ser imitada.
Nacido con una pierna visiblemente más corta que la otra, fue abandonado por sus desalmados progenitores en el umbral del orfanato Nuestra Señora de la Merced esBenz pasando sus primeros años al cuidado de las monjitas del lugar.
Pese a su triste historia, Ricardo Enrique, que en ese momento llevaba el nombre de Juan del Corazón Celestial Expósito, nunca se deprimió. Fue siempre un niño alegre y dinámico.
Amante del fútbol, aún con sus limitaciones, practicaba ese deporte colectivo en compañía de los demás jóvenes del internado, llegando a ser un desequilibrante número siete cuya mayor habilidad redicaba en una endiablada gambeta de tranco irregular.
Tal capacidad en el dominio del balón y su zigzag aleatorio le valió el mote cariñoso de Windows Millenium por su visible inestabilidad al correr.
A los siete años, momento en el que el niño forjaba sus primeros sueños de vocación, la madre superiora le preguntó qué quería ser cuando fuese grande. “Futbolista” respondió entusiasmado el pequeño Ricardo Enrique (o Juan).
Viendo el fuego de la pasión en sus ojos, la religiosa le sonrió dulcemente y acariciándole la cabeza le contestó “Juan (porque ella no sabía que se llamaría después Ricardo Enrique) es bueno que persigas tus sueños pero con tu tranco se te va a hacer un tanto difícil alcanzarlos.
Debes buscar algo diferente pues si bien es una verdad absoluta aquella que dice que Dios obra milagros, también lo es que hay que sacar número para que te llegue el turno. Y van por el amarillo 032 y vos tenés el violeta 998.
Hijo, sabes que te amamos y que siempre serás uno de nuestros chiquillos preferidos pero no sería justa contigo si no te dijera que eres el mejor wing derecho en este internado repleto de tullidos pero en el mundo cruel te será un tanto complicado lograr tu objetivo si tienes en cuenta tu pequeño problema físico”.
Las últimas palabras resonaron en la cabeza de Ricardo Enrique (o Juan, da lo mismo) y aunque entendía cabalmente lo que le decía la monjita, no se deprimió. Cuentan que luego de pensarlo uno instantes, contestó “Pues entonces me dedicaré a resolver problemas físicos.”
Y fue así como se dedicó a la física cuántica.
”Ricardo Enrique (yo le puse esos nombres) -nos relata su madre adoptiva, Doña Plácida Barberón - fue un joven aplicado.
Cuando lo adoptamos con mi marido, el difunto Jorge Alberto Outes, él tenía once años y ya conocía de memoria todos los símbolos de la tabla periódica con su valencias.
Nunca faltó a clases ni en el secundario ni en la universidad, tomando siempre el tren desde Carupá a Retiro sin importarle las inclemencias del tiempo o los malos servicios ferroviarios.”
Visiblemente emocionada y sin disimular su orgullo agrega Doña Placida- “Y se graduó con honores.”
Con semejante currículum fue rápidamente contratado por la Comisión Nacional de Energía Atómica, entidad que lo vio crecer y desarrollarse como el más brillante científico de su época.
Veinticinco años viajó Outes Barberón en tren desde Carupá hasta la estación Rivadavia sufriendo sin quejarse ni criticar el mal funcionamiento del servicio, los empujones y otras cosas por el estilo pues un sola finalidad lo alentaba a seguir sin desfallecer: estudiar el comportamiento de los átomos hidrogenoides, unidades formadas por un núcleo y un único electrón.
Fue así que luego de muchos años de investigación y, a través de la ecuación de Schrödinger, logró determinar la trayectoria y posición exacta de la partícula de carga negativa, estableciendo los cimientos para el desarrollo de una máquina que permitió transportar al hombre hacia el futuro.
Luego de ensamblar junto a otros colegas el primer prototipo y de realizar algunas pruebas con animales, la CNEA consideró que el dispositivo estaba listo para ser usado con humanos.
A pesar de las negativas de toda la comunidad científica, el propio Dr. Outes Barberón, decidió ser el primero en realizar la travesía en el tiempo.
Instalado en el pequeño habitáculo del complicado transportador, fijó como punto de arribo el año 2111.
A la cuenta de T-10 el científico accionó la palanca iniciando el proceso. Un zumbido ensordecedor rasgó el aire mientras un humo espeso como de set de filmación envolvió a los presentes.
Al disiparse la niebla y disminuir los decibeles del irritante sonido, todos pudieron observar que la cápsula había desaparecido.
Treinta segundos después, el molesto ruido y el humo volvieron a irrumpir en el recinto. La máquina estaba nuevamente en su lugar.
Ante la sorpresa de quienes supervisaban el experimento, el Dr. Ricardo Enrique Outes Barberón no se encontraba en ella.
En su reemplazo, en el habitáculo, había una misiva que decía:

"Queridos colegas:
Me encuentro en lo que es la Argentina cien años más allá de como ustedes la conocen.
Las cosas no han cambiado sustancialmente. Los políticos siguen diciendo las mismas mentiras y aún se debate si hay que sacar el impuesto al cheque.
Corrientes la hicieron peatonal y sigue siendo infernal tratar de entrar a la Capital en cualquiere vehículo.
En la televisión holográfica siguen dando bailando por un sueño.
Puede que mi descripción parezca algo desilusionate pero no crean que todo está perdido.
En algunos aspectos, las cosas han mejorado y eso fue lo que determinó que decidiera quedarme en esta realidad que para ustedes es futura.
Existen cosas positivas de las que estar orgullosos. Por ejemplo, que en el tren que tomo de Carupá a Retiro hay una dotación de policías con perros amaestrados que controlan que por las mañanas los pasajeros no se caguen con las ventanillas cerradas."


(Dedicado a quien haya sido el que realizó con tanto esmero ese festival de flatos desde San Isidro a Retiro.)








8 No entendieron el chiste:

  1. Ricardo Enrique Barberón Outes!!! Seguro que se quedó en el 2111 porque Independiente era otra vez lo que una vez fue. Ud contaba lo del wing del orfanato y me venía a la memoria haber visto jugar al manquito Casa en el ciclon. Nadie queria hacerle un foul por miedo a que lo lincharan jaja.
    Ahora si tenemos que esperar a que alguien se cague en un tren para que ud publique.....no le van a alcanzar las manos. Abrazo!

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  2. A mí sí me gustó el cuento. Publíquelo, no sea tont... Ah, nada, buenísimo el cuento.
    Es curioso cómo encontró la inspiración de tanto inspirar en el tren.

    Abrazo y ventilación, amigazo.

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  3. Las musas de la inspiración obran de maneras inescrutables, pequeño saltamontes.

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  4. A mí el cuento me parece muy bien. Nos ha llevado por la vida de este prohombre a buen ritmo y con mucho detalle. Y expuso una conclusión inapelable. Yo también me hubiera quedado. La única crítica es que se alcanza a percibir, veladamente desde ya, su manifiesto fanatismo por un club de fútbol.

    Un saludo.

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  5. Me mataste con eso que hay que sacar número para que obren los milagros!!!
    Lo que no puedo entender es porque Ricardo Enrique Outes Barberón o Windows Milenium, es lo mismo, tuvo que volver a tomar el tren a Carupá... volvió a casa de los Barberón?? quien lo esperaba ahi??? todavía estaba la casa? a quien encontró???
    Por eso prefiero viajar al pasado, tanta incertidumbre me hace mal!!!

    Me gustó el cuento!
    beso

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  6. En un mundo paralelo el sr Argentino Ricardo Enrique Outes Barberón seria algo asi como Messi!!!

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  7. Confieso que me gustó.
    Empezó muy "a lo Bioy Casares" y terminó con humor genuino.
    Muy bueno.

    Saludos.

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  8. Siempre es bueno ver que las monjitas tienen fe pero no pierden la practicidad... Todos sabemos que hay que confiar en Dios, pero la puerta hay que cerrarla con llave.
    Una maravilla su cuento, mirevea. Y no me parece mal que Ricardo Enrique - o Juan, pero me parece una maldad sacarle autoridad a la sra Barberón, que bien que tuvo que laburar para mandar a ese chico a la universidad - se haya quedado allá... Cualquiera sabe que este país, como está hoy, no tiene mucho para brindarle a alguien que inventa una maquina del tiempo...

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Disculpe si a veces no contesto.
Es que mi mamá no me deja hablar con extraños...